Sabía que vendría, pero no tan rápido.
Empecé a enamorar con Abril, el trabajo en la clínica se hizo posible, claro,
en una sucursal para empezar y no estaba nada mal, sorpresivamente ya tenía un
lugar donde vivir sólo y pronto, si las ganancias subían iba a poder comprar un
terreno en el centro de Chiclayo para establecer la empresa De la Torre
Martinez y seguir creciendo.
Mientras pensaba en cómo sería mi vida de
ese momento en adelante, las ideas se me cruzaban con cómo iba a avisarle a
Abril que no llegaría a recogerle el día siguiente, podría llamarle al
hospital, pero no sería lo más adecuado pues los trabajadores pocas veces
reciben un recado de parte de algún familiar a no ser que sea de emergencia,
puesto que precisamente ese teléfono es para emergencias. Pensando en aquello
después de unas horas me quedé dormido por unos minutos.
Desperté sobresaltado encontrándome con
el rostro de la luna directo por la ventana. Me dije a mi mismo, buscaré a
Abril temprano y luego iré a Ferreñafe, a la Clínica de Rehabilitación. Aún así
no pude dormir. Las luces de la calle, el sonido del viento en los árboles, las
historias que me contaba la luna me impedían quedarme dormido. Así fue durante
las siguientes horas, hasta que la noche se hizo muy oscura, fue entonces
cuando me quedé dormido, Lamentablemente ya faltaba poco para amanecer.
En la mañana, la puerta de mi cuarto
parecía caerse. Mi padre tocaba la puerta desesperadamente. Me acerqué a la
manija con el sueño en los hombros.
- ¿Sï?
- ¡Levántate haragán! Sólo porque eres el hermano del
yerno del jefe no significa que puedas darte la licencia de llegar tarde al
trabajo, nada justifica una tardanza.
- Está bien. Ya me cambio.
Me cambié y puse el traje de trabajo:
ropa interior, bivirí, pantalones, camisa, corbata, saco y maleta con hojas de
cálculo. Salí veloz de casa después del desayuno.
- ¿No vas a llevar tus cosas para tu nueva casa? – Me
detuvo mi madre a media huida.
- Este, bueno… Si, más tarde con mayor tiempo, aún me
falta preparar algunos detalles y ver cómo es el lugar dónde me voy a quedar.
- Adiós hijo.
- Chau.
Primero, debería pasar por el hospital. No
había otra forma más veloz próxima que ir corriendo. Empecé. Sentía que el
viento me despeinaba y nada podía hacer para mantenerlo bien peinado pues si
demoraba un poco no llegaría a tiempo. Corrí mientras el viento y el sol me
acompañaban. Llegué a la puerta del hospital y entré. Cansado, muy cansado. Me
encontré con Josefina. Le dije:
- Hola Josefina ¿Has visto a Abril?
- Si, está en el cafetín conversando con un Señor.
- ¿Ah? Bueno, gracias.
Me acerqué al cafetín y reconocí el
perfil de Abril que tomaba una taza de café, a su lado un señor que me pareció
haberlo visto antes. Pronto, él se percató de mi presencia y se despidió de
Abril. Me conocía. Caminé directo hacia donde estaban ellos sin perderlos de
vista.
- ¡Rodrigo! Qué milagro que te encuentro por acá –
Una voz familiar me llamó. Era el Doctor Céspedes.
- Buenos días Doctor ¿Cómo ha estado?
- Bien, saludando a algunos colegas por acá, ¿Y tú,
no deberías estar en camino a Ferreñafe?
- Eh, bueno, si, pero vine un momento a visitar a una
amiga, acá en el hospital.
- ¡Oh! Ya veo. Debe ser tu amiga, la morenita, la vez
pasada los vi en Puerto Pimentel, se ven muy bien juntos ¿Eh?
- Ejem, bueno… si. Gracias por el cumplido. Bueno,
permiso.
- Adelante hijo.
En esa pequeña conversación los perdí de
vista y el extraño señor se fue. Abril se dirigía hacia mi y me saludó muy
amablemente.
- Hola, mi amor. - ¡Qué! Me dijo “mi amor”, mmm, y
ahora qué le respondo.
- Hola, Abrilcita ¿Cómo has estado? ¿Tu tío te dijo
algo ayer?
- Je, je, je – rió y sonrió – No mucho. Me preguntó
si te había visto salir y le dije que si.
- Ja, ja, ja… No se lo esperaba. ¡Oh! Por cierto,
vine temprano para avisarte que mi hermano me contrató para la clínica de su
suegro el Doctor Céspedes. El problema que estaré en una sucursal en Ferreñafe
y ya no podré recogerte hoy en la tarde.
- Oh… No hay problema, amor. Espero que nos podamos
ver mañana un momento, ya que salgo un poco más tarde y me imagino que
regresarás mas o menos a esa hora.
- Claro. Aunque me mudaré en estos días por allá
puesto que hay un lugar donde residirán los trabajadores.
- Me alegro. Entonces nos vemos mañana.
- Si, por supuesto.
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