Caminando es la mejor forma de conocer el
mundo. Ese día conocimos un aspecto del mundo que poco habíamos explorado, que
los caminos se alargan cuando conversas con alguien muy importante pues deseas
que la conversación se prolongue por mucho tiempo. Empezamos a percatarnos de
las hojas del sauce, de los algarrobos a lo lejos, de las sombras que tomaban
formas extrañas en cuanto avanzaba el día.
- ¿Se puede saber porqué tu mamá te puso por nombre
Abril?
- Si – esbozó una sonrisa tímida, me miró fijamente y
en su iris se notó un brillo cuando llegaron algunos haces de luz solar – en
realidad mis padres me iban a poner el nombre que correspondía en el
calendario, Resurreción, pues nací un domingo al final de Semana Santa, pero el
encargado de escribir mi nombre en mi constancia de nacimiento escribió el mes
de nacimiento en el espacio dónde correspondía mi nombre y así quedó.
- Oh… Pero, no te incomoda que haya sido por
descuido.
- No, creo que lo superé desde muy niña, pues mi
nombre es tan común por acá.
- Entiendo. Además en Abril ocurren cosas muy
interesantes, desde la benevolencia súbita de las personas por recordar la
muerte de Jesús hasta el cambio de estación donde el sol calma su abrasador
calor y permite que los vientos lleguen.
- Gracias, es muy bonito cómo lo dices. – Y me regaló
una sonrisa que recargó mis energías.
Al llegar a la biblioteca el señor
Valdivieso me vio entrar y en ese instante hizo como si estuviera ocupado en
otra actividad. Sabía que debíamos mantener nuestro secreto. Los estudiosos de
gafas grandes, nos miraron sorprendidos y se percataron que estábamos de la
mano, susurraron algo en sus oídos y luego siguieron estudiando, no hubo ni un
sonido más sino sólo el de las páginas de los libros mostrando lo que llevaban
escrito.
Estudiamos sobre enfermería, aprendí
sobre los cuidados que se debe tener con los instrumentos y atenciones que se
les tiene que dar a los pacientes y esto variaba de acuerdo a la complejidad y
causa de la enfermedad y otros factores más. Un tema distinto a lo que estaba
acostumbrado a revisar, números, ganancias y administración de recursos.
Mientras estudiábamos leíamos, reíamos y nos susurrábamos comentarios
graciosos. Su tío, el señor Valdivieso nos miraba de lejos, me analizaba, yo
sabía que lo hacía.
Al finalizar, me despedía de Abril con
una nota en un papel: Te recojo mañana, Te quiero. Me ponía en pie y hacía como
que iba a buscar un libro, el señor Valdivieso me seguía con la mirada. Pronto,
me perdía entre los pabellones de libros lo cual lo obligaría a ponerse de pie
y hacer el ademán de que también estaba buscando un libro para encontrarme,
mientras tanto perdía de vista a Abril. Cerciorándome que estaba lejos
buscándome regresaba al sitio de Abril y le daba un beso en la mejilla. Ella
sonreía. Yo regresaba a casa contento.
Saludaba a mis padres. Ellos en un
silencio menos denso que antes conversaban sobre los nuevos planes para la
futura empresa De la Torre Martinez. Iba a mi recámara. Miraba el plenilunio y
me preparaba para bañarme. Iba al baño. Me cambiaba con ropa de casa y bajaba a
cenar. Ese día encontré a mi hermano y a Elizabeth, que nos estaba visitando
para cenar juntos. Preveía una conversación amena recordando nuestras
travesuras de niños y mi madre contando algunos secretos de nuestra infancia.
- Rodrigo ¿Estás listo para empezar mañana, verdad?
- ¿Ah?
- El trabajo en la clínica.
- ¡Ah! Si claro – Había olvidado por completo que al
día siguiente que tenía que ir a trabajar. Eso cruzaría mis horarios y no
podría ir a recoger a Abril del hospital. ¡Qué terrible!
- Papá, mamá ¿Cómo han estado?
- Bien hijo – contestó mi madre.
- Cada vez mejor, soñando con nuestra empresa, hijo –
respondió nuestro padre.
- Me imagino – dije para mis adentros.
- Buenas noches señora. Buenas noches señor.
- Hola Elizabeth, ¿Cómo te va en Chiclayo? Me imagino
que ya has visitado algunos lugares. – preguntó mi padre.
- Si señor, hemos ido un momento a la playa a
disfrutar del verano.
- ¿Fuiste a la playa? Hija mía, pero te debes haber
muerto de calor. – Dijo mi madre.
- No señora, pero le agradezco por su preocupación.
En Lima venden unos trajes de baño muy lindos que son muy frescos y discretos,
así aprendí a nadar así que aproveché para entrar un momento y refrescarme.
- ¿Entraste al agua? – Los ojos de mi madre se
hicieron muy grandes por la sorpresa.
- Si, pero bueno, hemos venido a conversar sobre otro
tema, tal vez después pueda comentarle un poco más sobre los trajes de baño y
la natación pero en privado. – Inteligentemente supo cortar la conversación y
permitió continuarla en otro momento terminando con una sonrisa acompañada de
una petición para pasar a la sala.
- ¡Oh no, hija! Estábamos a punto de cenar. Mejor
pasen por acá para conversar en nuestro comedor.
- Muchas gracias.
Al parecer estaban en camino a ser muy
amigas, nosotros los tres varones presentes en la habitación nos miramos
extrañados por la comunicación que acababan de tener. Y decidimos continuar sin
interferir en el ambiente que se había generado.
- Bueno, vinimos a darle la noticia a Rodrigo que a
partir de mañana empieza a trabajar en la Clínica de Rehabilitación que está en
Ferreñafe, aún la están terminando de construir pero su oficina ya está acabada
así que es mejor que vaya desde ya, y también porque queremos que el venga a
vivir en las casas de los trabajadores. Para que tenga tiempo de organizarse y
llegar temprano al trabajo.
- ¡Ah! ¡En Ferreñafe! – Eso era demasiado
sorprendente, de un momento a otro tendría que alejarme de mi rutina, de mi
estado de confort. Además cómo podría avisarle a tiempo a Abril para que no me
espere, pues iba a estar en el trabajo. Esa noche no pude dormir. Tenía que hacer
algo antes de que le falle.
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