31.5.12

Abril - Silencio (Cap. 17)


Al día siguiente, los pajarillos cantaban y su trino se escuchaba a través de los ventanales. Ese día era el punto de quiebre en nuestras historias, de mi familia, de la familia de Abril y de la familia de mi hermano. Los guardias no tardarían en llegar a la biblioteca. Le avisé al señor Valdivieso que dijera que no sabía qué habíamos hecho, que así no lo tendrían como sospechoso para que siga trabajando. Abril, intentaría explicarles toda la verdad, asumo que no podría convencerle de lo contrario. Por mi parte intentaría averiguar qué estaba sucediendo con ambos, para ayudarle a escapar a Abril o seguir con al versión verdadera.

Sin embargo, el día no tuvo nada de energético ni de acción. Jamás llegaron los guardias, pero sí las ondas de radio. En ellas se anunció del terremoto que sacudió Lima y del cual, hasta ese entonces, no sabíamos aún cuáles habían sido las consecuencias. El locutor anunciaba que había habido muchos estragos en muchas partes del país y en especial hacia el norte. Abril, mantuvo la calma. Los corresponsales de Anchash, Trujillo, Chiclayo, Piura, Tumbes, se estarían comunicando vía telefónica para informar. Teníamos que esperar.

El corresponsal de Piura fue el primero, informó que había habido algunos derrumbes de algunas casas de adobes, unos cuatro heridos que eran atendidos en el centro médico. Luego llamó el corresponsal de Trujillo, anunciando que algunas comunidades alejadas de Trujillo habían quedado anegadas y otras con derrumbes, en Trujillo mismo hubieron maretazos y el derrumbe de algunas casonas en el centro. Fue, cuando Abril se preocupó, mucho, empezó a rogar que no haya pasado nada con su madre ni con su hermano. No era suficiente su llanto. Nos dijo que tenía que ir, que tenía que ver si estaban bien.

El señor Valdivieso accedió. Abril me miró, me estaba pidiendo permiso pues sentía que el compromiso conmigo era el mismo que con su familia. Recordé las palabras duras del Doctor Céspedes y de cómo debería haber estado infectando a mi familia con su rencor. Y accedí a que fuera, aún más, decidí ir con Abril hasta Trujillo.

- Rodrigo ¿No crees que van a pensar que están huyendo?
- Tal vez, señor, pero tampoco creo que me vayan a recibir con los brazos abiertos ahora que sienten traicionados.
- Creo que puede ser una buena oportunidad para acompañar a Abril y conocer a su familia.
- Bueno muchacho, es tu decisión.

Salimos con la maleta de Abril y yo con lo que llevaba puesto. Fuimos a comprar el pasaje a Trujillo. En la terminal nos miraron sospechosamente, aún así nos vendieron los boletos. Salimos raudos a tomar el bus. Al sentarnos nos sentimos a salvo, libres, con ánimos de conocer nuevos lugares. Y el viaje empezó. La salida de Chiclayo por la reciente Panamericana Norte era espectacular, con el sol radiante y el reflejo del mar a lo lejos. Siguiendo el camino nos encontrábamos con ciudades como Monsefú, Zaña, Guadalupe, entre otras. Ya habiendo pasado Guadalupe detuvieron el carro. Subieron unos policías y nos pidieron nuestra identificación. Revisé mis pertenencias y no traía conmigo mi libreta militar, ni mi libreta electoral. Sabía entonces que estaba en problemas. Me detuvieron, me llevaron al jefe y me preguntaron si conocía a un tal Vecino. Le respondí que no. Que no sabía de él. Obviamente no me iban a creer y me llevaron al calabozo. Abril vio desde la ventana cómo me arrestaban. Lloró mucho. Sin embargo, le  dije que no dijera que me conocía, que era por el bien de su familia, que pronto intentaría ubicarla y que seríamos muy felices.

Me llevaron a Chiclayo. Donde me encontré con el Doctor Céspedes que me esperaba en el juzgado. Me miro y me dijo: No creas que te has salvado sólo porque eres familia de mi yerno, ayudaste a una familia de delincuentes y tendrás lo que te corresponde. Su serenidad me asombraba. Esa tarde y hasta la noche me hicieron miles de preguntas, pero decidí guardar silencio, para no entrar en contradicciones. Sólo deseaba profundamente en mi corazón que Abril se haya encontrado con su madre y hermano, después de eso no pensaba más.

El día de mi juicio llegó. El juez entro sosegado como si fuera mera rutina. Me miro. Sonrió como diciéndome todo va a estar bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario