15.5.12

Abril - Sol de Pimentel (Cap. 12)


- Hola Abril
- ¡Rodrígo!
- Esto es para ti. – Le entregué tímido el ramo de flores y sentí que sus amigas empezaron a hablar a mis espaldas y mis orejas empezaban a quemar.
- ¡Oh! Muchas gracias – me percaté de su sutil sonroja en sus mejillas. – Espérame un momento, ya termino mi turno.

Al salir, fuimos a pasear un momento a puerto Pimentel. El sol estaba en alto, grande, radiante. Los cabellos de Abril se tornaron castaños en los bordes. Los caballos de totora en la orilla, las olas livianas abriéndose paso entre las piedras, las ventanas del balneario recibiendo los rayos del sol abriendo sus cortinas como ojos.

- Sé que no debería ir a verte. Pero siento que es necesario.
- Rodrigo, sabes que no me puedo negar a conversar contigo pero creo ya te expliqué de mi objetivo al venir a estudiar y trabajar acá.
- Si, y lo entiendo. Pero considero que puedo ayudarte a conseguir lo que buscas. No necesariamente he de hacerte perder el tiempo con conversaciones triviales. Si tu deseas te puedo ayudar en algunos cursos, además tenemos a la mano la biblioteca donde está tu tío. Ahí podemos vernos la mayoría de veces.
- Pero… mi tío se enojaría.
- No creo, yo lo puedo persuadir. ¿Qué opinas?
- No sé. Me parece muy apresurado.
- Sólo quiero ser alguien en quien puedas confiar.
- Es muy difícil para mí. Lo siento.
Se fue, huyó. No quería verme más y no podía verla más porque le seguiría haciendo daño o le llegaría a hacer daño en algún momento. Era suficiente. Sin embargo, antes que se vaya del todo, antes que pierda la oportunidad de seguir viéndole, antes de que nuestra historia terminé en un adiós infinito, decidí no dejarla ir, que no se vaya del todo. Tenía que quedarme con ella aunque sea por un momento. Corrí tras de ella. Le tomé del hombro, ella sonrió, giró, me miró fijamente y me dio un beso infinito. Me sorprendió. Me dejó perplejo. No podía moverme, sólo quería que todo se quedara ahí, estático, para siempre, como una pintura, como una fotografía, no saber más nada, terminar con todo el dinamismo del universo. Poner pausa por un largo rato.

Al recapacitar en lo que estaba sucediendo. Me empecé a cuestionar porqué es que tan de pronto, tan súbitamente, ella me dio ese beso, me empecé a cuestionar porqué sonrió ¿Acaso esperaba que la detuviera en su huída? ¿Acaso no quería huir de verdad?¿Acaso pase la prueba de la perseverancia?

Abril me abrazó y dijo:

- Ya no lo soportaba más. No podía seguir pidiéndote que te alejes de mi. Me gustas.

Mientras pronunciaba las palabras de Abril, Rodrigo sonreía. Sabía que no era mentira lo que estaba recordando, sabía que el sol radiante de ese día en Puerto Pimentel era testigo de aquello y podía corroborar cada detalle de su historia, podía corroborar lo extraño que se sintió siendo conquistado por una señorita, cuando la sociedad designaba a los varones esa tarea. Podía corroborar que ese día se tomaron de la mano y que estaban nerviosos. Podía corroborar que la vida misma mostraba sus colores más vivos en las calles que caminaron hacia la Biblioteca, que la vida misma dejaba oír su canción con el ritmo palpitante del corazón.

Ese mismo día el Doctor Céspedes estuvo de paseo por el balneario y lo vio pasear de la mano. Algo que le pareció curioso. Algo que tal vez sea necesario que su yerno sepa.

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